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Dos películas andinas sacuden la cartelera peruana

Por primera vez dos largometrajes peruanos producidos fuera de Lima permanecen en la cartelera varias semanas y al final de la proyección provocan el silencio o el aplauso de los espectadores por el impacto que causan las historias y su tratamiento. La Casa Rosada, del recientemente fallecido director ayacuchano Palito Ortega, ha empezado su tercera semana en salas, y Wiñaypacha (Eternidad), la primera película hablada en aymara, ha llegado a más de 27.000 espectadores y está en exhibición por quinta semana.

Ortega, uno de los fundadores del filme andino de terror, empezó a trabajar en su noveno largometraje en 2008 con el objetivo de producir una obra de calidad internacional y lo consiguió, pero murió tres meses antes del estreno, a los 50 años.

El drama de 102 minutos de duración se basa en la experiencia directa del cineasta que padeció la violencia del grupo maoísta y terrorista Sendero Luminoso y de las fuerzas armadas en Ayacucho, la ciudad donde en 1980 empezó un conflicto que duró 20 años y afectó la mayor parte del país.

Ortega fue detenido cuando tenía 16 años de edad mientras caminaba con un universitario que estaba bajo busca y captura, hecho que él desconocía. Por eso pasó un mes y medio en un lugar de tortura llamado la casa rosada, cercano al cuartel del Ejército Los Cabitos, el principal lugar de tortura y desaparición forzada de civiles en la década de los ochenta. En ambos lugares, los militares retenían ilegalmente a sospechosos de pertenecer a Sendero Luminoso y los torturaban para obtener información sobre los subversivos. Sin embargo, gran cantidad de los detenidos no tenía relación con el grupo.

Renato Ortega, hijo del director, ha contado a la prensa peruana que su padre fue liberado cuando la familia demostró su inocencia. La esposa del cineasta, Nelba Acuña, precisó que solo fue posible porque usaron contactos influyentes en ese tiempo.

Los niños Juan de Dios y María del Carmen (Ricardo Bromley y Shantal Lozano) protagonizan la película como hijos del profesor universitario Adrián Mendoza Torres (José Luis Adrianzén), a quien el Ejército detiene y tortura pese a no estar involucrado con Sendero Luminoso. La historia consiste en la accidentada búsqueda del padre en medio de una ciudad en guerra, con toques de queda, escasez de alimentos, apagones, y asesinatos de día y de noche en las calles.

Ortega plantea un relato de inocentes frente a dos grupos de antagonistas, pero lo matiza con militares que se resisten a comportarse como asesinos y que tienen actos de piedad con los inocentes. Además, retrata la indiferencia de las víctimas frente a otras, una actitud que las familias desarrollaron en la ciudad para intentar protegerse de la violencia del Ejército y la de los terroristas.

Una de las secuencias más estremecedoras del filme es la de los soldados que botan en el horno del cuartel Los Cabitos los cuerpos de las personas torturadas en la casa rosada. Renato Ortega comentó que esas escenas «fueron construidas en el ordenador, para asemejar la infraestructura de esos años (la del horno y la fachada del cuartel)». Una sentencia judicial probó en 2017 que el Ejército incineró en ese horno a cientos de personas detenidas ilegalmente.

El éxito del filme aymara

En paralelo, la ópera prima de Oscar Catacora, Wiñaypacha, deja sin aliento a la audiencia. Willka (Vicente Catacora) y Phaxsi (Rosa Nina) son una pareja de ancianos que esperan ansiosamente la visita de su hijo y viven aislados en un paraje andino helado, adoloridos por la nostalgia, los achaques de la edad, la dureza de la vida en el campo, y la falta de dinero que solo alcanza para los fósforos.

El filme fue grabado en Puno, departamento fronterizo con Bolivia, al pie del glaciar Allincapac, de 5.780 metros sobre el nivel del mar, en un entorno aún prístino en el que el ser humano empequeñece frente a la naturaleza.

La película es un drama sobre la lucha por la vida y la protección mutua de un hombre y una mujer que pasaron toda su vida juntos. El largometraje ha ganado dos premios en el Festival de Cine de Guadalajara (mejor ópera prima y mejor fotografía). «Wiñaypacha es una lección en nuestra cinematografía nacional: sin importar la lengua ni la temática cultural, una película de este tipo puede ser exitosa», comentó Catacora recientemente a una radio limeña.

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